EL LOCO QUE SOÑABA XIV

EL DESPERTAR DE LA REINA

Vientos sedosos las sales soplando
de miles de granos del sol dejados,
ebrios de nocturnidad aguardando
una princesa alba de pies cansados.

Rubios rizos rozando rosas ríspidas,
doradas algas quebrando traviesas
espejos yertos bajo lunas suicidas,
tediosos afanes de falsas promesas.

Ya se asoman lívidos sus labios,
ya se alzan morenos sus brazos,
ya se perfilan firmes sus senos,
ya se dibujan trémulas sus carnes.

Jaibas que sortearán la espuma,
gaviotas que suavizarán la espuma,
caracolas que sorberán la espuma,
petreles que saborearán la espuma.

Lánguida, insegura, primera pisada,
borrada pronto por diáfana sonrisa,
dirígese a su destino aquella diosa,
por obscena bruma sólo abrigada.

Desolación…
Clemencia…
Esperanza…
Impiedad…

¡Ha nacido la madre del amor!

¡Ha nacido la hija del hastío!

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