EL LOCO QUE SOÑABA XVI

TRAS MIS VENTANAS

Tras mis ventanas se ocultaron bailes,
que eran rubíes de besos y acordeones,
luces bajas sobre escalerillas rojas,
y débiles estrellas de los zaguanes.

Sin razón en sus reflejos, no la quería,
pasaron presurosos unos ojos de jade,
hilos de ébano sobre sonrisas apagadas,
y la ternura de unos brazos que no estreché.

También tras ellas nacieron rutinas extrañas,
sábados pasados entre hogares dispersos,
con aromas de lavanda y cojines antiguos,
café, pan huido del horno y cigarrillos.

Fueron delgadas –y, a veces, vítreas–
pero, a la vez, espesas como la niebla,
dulces y agrias, solitarias y ruidosas,
esas ventanas que me revelaron todo
y no me dejarán ver mi muerte.




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