EL LOCO QUE SOÑABA XXV
EL CAMINO DE UN BESO.
Era una mañana de invierno,
cumpleaños de mi mejor amigo,
en la casa de tu mejor amigo,
un torneo por televisión,
una pelea noctura y olvidada,
y bocadillos en la mesita de centro.
Fuiste a la cocina por un jugo,
te seguí dos segundos después,
perezoso, curioso, deseoso...
Tenías en la mano una tostada,
me acerqué a ti, torpemente,
tus labios se pegaron a los míos,
yo te correspondí con un beso,
tal vez fueron dos, no recuerdo...
Te cogí de la cintura,
te aferraste a mí,
fueron muchos más besos,
los que nos dimos en el sofá.
En un instante caímos en la locura,
como cayeron nuestras ropas,
como cayó nuestro pudor inicial,
como cayeron la mañana y el juego,
los panes, las bebidas y el café,
el temor de ser sorprendidos,
y volver de nuestro extravío...
Y terminó, también, por caer el sol.
La luna guio nuestro retorno,
volvimos a nuestro recato,
al olvidado desayuno,
que se convirtió en lonche,
por la hora y la súbita compañía.
A la plena noche nos dijimos adiós,
con un pudoroso beso en la mejilla,
que fue el sello de un pacto,
que en las sombras de la noche,
y llenos de gozo, renovábamos.
Sergio Verástegui
Jesús María, 13 de enero de 2024.