EL LOCO QUE SOÑABA XVII
EL VELO DE LA MADRUGADA.
El oscuro silencio que me cobija
es más elocuente que los cien versos
que mis labios no pueden cantar...
Cómo contarle la dulce ansiedad
que abrasa cada gota de mi sangre,
al contemplar el brillo de sus ojos...
Cómo encerrar en estas palabras
el deseo que golpea, fútilmente,
las paredes de este encierro...
El ébano de su carne es el mar,
la grana de sus labios es el puerto,
que con ardor veo desde los cielos...
Qué sendero conduce a su regazo,
cómo asir el compás de sus caderas:
Quiero surgir en la noche de su cuerpo,
quiero ser la lluvia de su primavera,
develar lo que mis manos que escriben,
quieren, para siempre, tocar…
Sergio Verástegui
(Jesús María, 24 de agosto de 2025)