ENSAYOS DESDE EL BALCÓN II

 IGNORANCIA Y CARIDAD.


¿Puede generar la ignorancia, compasión?

Stefan Zweig decía que la compasión no es otra cosa que impaciencia del corazón que, retado por la experiencia del dolor ajeno, solo busca un gesto (grande o pequeño) para aliviar esa incomodidad que sentimos. Es solo sentimiento compartido, pero no amor por nuestro semejante.

¿Puede generar la ignorancia, caridad?

Deus caritas est, nos dice el Nuevo Testamento, que traducido a nuestro idioma vendría a ser, Dios es amor. En su acepción original el "amor" se relacionaba más con la pasión que con el concepto más amplio que hoy conocemos. Para eso estaba reservado, en aquellos tiempos, el término "caridad". Pero no caridad de dar unas monedas, sino de compartirse uno mismo, de desprenderse de algo de sí en pro de algo más alto (el prójimo, la comunidad, etc).

Enseñar al que no sabe es una obra de misecordia: lo enseña la religión cristiana. Mas, también es el precepto medular que ha mantenido viva y evolucionando a la especie humana. La  humanidad ha convertido esa debilidad de demorar tanto en llegar a la madurez para impartir conocimientos que han ido incrementándose vertiginosamente de generación en generación.

De modo que, vea como lo vea, la ignorancia no solo genera "en el que sabe" un compromiso ético y religioso, sino también un deber primordial para la conservación de la Humanidad.

Un reto que, claro está, no puede ser cubierto solo con impaciencia del corazón, con mera compasión. 


Jesús María, 16 de marzo de 2023.

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