LAS FRONTERAS DEL SILENCIO


Hace mucho tiempo, nació una pequeña voz. Era delicada, suave, no era dada a estridencias ni a prolongados esfuerzos. Disfrutaba más aguardar el momento oportuno en que otra voz callara, para expresar algo preciso, exacto, que respondiese al prolongado enmudecimiento.

Alguna vez, o debería decir, algunas veces, aquella voz cantaba, con mucha más dedicación y placer que cuando hablaba. Con el tiempo, aprendió que muchos goces (los mayores) coincidían con los momentos en que se ocultaba bajo el manto de otro silencio. Y que, en esos breves instantes, un susurro podía ser más elocuente y bienvenido que el mejor de los discursos.

Tras mucho tiempo de herir el aire con su estruendo, la voz ya había pronunciado lo cotidiano y lo insólito, lo terrible y lo sublime, lo sublime y lo oscuro, había callado cuando otras voces aullaban y, también, cuando callaban, había alentado y desanimado, había reflejado la verdad, a veces, y, otras tantas, la había ocultado o falseado.

Menos frecuentemente, se extravió en falacias y confusiones, para las que no era especialmente apta. Y se acostumbró a enmudecer en las mañanas frías, las tardes púrpuras y las noches insondables.

Mas ahora que escribo estas líneas, rebelde, en la quietud de esta madrugada tibia, de fina neblina, se alza para preguntarte a ti, autora de mis sueños y creadora de mis esperanzas... ¿Cuál es tu voz?

Jesús María, 9 de mayo de 2023.

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