EL LOCO QUE SOÑABA (IV)
ESCENA DE VINO
Me gusta el vino porque sabe a miedo,
la música, porque lacera como ansiedad,
en nueve metros de azul aislamiento,
la lengua se place en el arte del danzar.
Brindemos, dices, apagando las luces,
y el néctar brota ardiente de tus labios,
mientras mis dedos recorren florestas,
y tus ojos se extravían en mis sueños.
Calor.
Lluvia.
Verde.
Encuentro.
Me gusta el viento cuando trae tu voz,
las sábanas, cuando acarician el suelo,
en un metro de oscura ubicuidad,
los pies se placen en el arte del danzar.
Despertemos, digo, iluminando todo,
y un perfume helado exhalan mis manos,
mientras tus ojos adivinan desiertos,
y tus cabellos descubren mi hastío.
Frío.
Viento.
Azul.
Despedida.