EL LOCO QUE SOÑABA (VI)
MEMORIAS DE UN CASO ROJO
En la frescura de la mañana
veo zarandearse un tatuaje
perdido en un mar de canela,
cercado de orillas de cuero
con puertos de lona raída.
Las luces me traicionan,
y la ventana agobiante,
me exilia de tus pestañas,
de tu piel, de tus manos,
del cielo en tu mirada.
De pronto, te vuelves,
y atravieso tus botines,
sigues mirándome,
y canto glorias a tu vientre,
mientras recorro tus cabellos.
Tu casco rojo se aleja
y, sin ninguna prisa,
se lleva mis esquinas,
me deja un escritorio
y diez horas de realidad.